De un tiempo a esta parte la culinaria peruana se ha ido abriendo espacio entre las grandes escuelas del mundo, obteniendo muy bueno auspicios y el reconocimiento que se merece por su enorme variedad gastronómica.
Por algo el Perú ha aportado la papa, el maíz, la quinua, el camote, la yuca, entre otros alimentos que hoy consume el planeta entero. Hoy, gracias a la globalización, las nuevas generaciones han ido decantando sus gustos redescubriendo lo que años de marketing habián ocultado: los manjares peruanos, forjados durante siglos de mestizaje.
Como pocos lugares de la Tierra, el Perú es una de las cunas de la humanidad, donde se desarrollaron el imperio y el virreinato más grandes de América. Aquí han confluido diversas etnias que han adaptado sus costumbres y a su vez aportado al nacimiento de una nueva cultura.
Silenciosamente, las peruanas fueron pasándose oralmente recetas que fueron mejorando hasta llegar a platos como el cebiche, cuyo origen tiene tanto de moro como de moche. O el sabroso pollo a la brasa, en el que no se puede negar el aporte de la gran colonia china cuyo chifa es tan peruano como la papa a la huancaína.
En Lima y otras ciudades se apostaron migrantes italianos, franceses e hispanos, cuyas mujeres también se sumaron a esta gran causa.
Se dice que los arequipeños tuvieron el privilegio de ser el gran centro comercial del sur andino y que a sus solares llegaban productos de sitios tan lejanos como Argentina o Potosí, lo cual les permitió a sus picanteras tener a mano una gama de productos y especias como para desarrollar una gastronomía tan fina que se coronó con potajes como el hoy famoso rocoto relleno, el abobo de chancho, el solterito de queso o el chupe de camarones.
En la selva, lugar olvidado por siglos, las mujeres se las ingeniaron para invntar el juane, el tacacho con cecina o el inchicapi de gallina.
Tenemos innumerable centros gastronómicos, como Catacaos en Piura, los chifas, las pollerías y cebicherías en Lima, las chicharronerías de Luín o Mala, o los centros campestres de la campiña de Moche en Trujillo. Quien recorra el Perú hallará siempre lugares donde deleitar su paladar con productos naturales y frescos, bastante lejos de la riesgosa comida chatarra.
Puede acompañar sus alimentos con los también incomparables vinos, piscos o chichas -entre las que se lleva las plamas la chicha morada-, bebidas naturales, ajenas al uso de preservantes, saborizantes o etilos. Aunque los peruanos somos bastante afectos a la cerveza.
En la Amazonía tienen asimismo licores de los que se dicem son afrodisiacos, como el uvachado, el shushuwasha, el siete raíces o el RC (rompe calzón).
Mención especial merecen los dulces peruanos. No sólo el tradicional arroz con leche, el zambito,el champú, la mazamorra morada o el suspiro a la limeña, sino también los kinkones, alfajores, tejas, helados y chocolates, como Donofrio o La Ibérica, marcas cuya tradición trasciende lo comercial.
Recorrer el Perú es también una aventura como pocas, bastante recomendable para los amantes del buen comer.
(*) Escrito por Mauricio Bouroncle en el primer número de la revista Descubramos Paititi.
Por algo el Perú ha aportado la papa, el maíz, la quinua, el camote, la yuca, entre otros alimentos que hoy consume el planeta entero. Hoy, gracias a la globalización, las nuevas generaciones han ido decantando sus gustos redescubriendo lo que años de marketing habián ocultado: los manjares peruanos, forjados durante siglos de mestizaje.
Como pocos lugares de la Tierra, el Perú es una de las cunas de la humanidad, donde se desarrollaron el imperio y el virreinato más grandes de América. Aquí han confluido diversas etnias que han adaptado sus costumbres y a su vez aportado al nacimiento de una nueva cultura.
Silenciosamente, las peruanas fueron pasándose oralmente recetas que fueron mejorando hasta llegar a platos como el cebiche, cuyo origen tiene tanto de moro como de moche. O el sabroso pollo a la brasa, en el que no se puede negar el aporte de la gran colonia china cuyo chifa es tan peruano como la papa a la huancaína.
En Lima y otras ciudades se apostaron migrantes italianos, franceses e hispanos, cuyas mujeres también se sumaron a esta gran causa.
Se dice que los arequipeños tuvieron el privilegio de ser el gran centro comercial del sur andino y que a sus solares llegaban productos de sitios tan lejanos como Argentina o Potosí, lo cual les permitió a sus picanteras tener a mano una gama de productos y especias como para desarrollar una gastronomía tan fina que se coronó con potajes como el hoy famoso rocoto relleno, el abobo de chancho, el solterito de queso o el chupe de camarones.
En la selva, lugar olvidado por siglos, las mujeres se las ingeniaron para invntar el juane, el tacacho con cecina o el inchicapi de gallina.
Tenemos innumerable centros gastronómicos, como Catacaos en Piura, los chifas, las pollerías y cebicherías en Lima, las chicharronerías de Luín o Mala, o los centros campestres de la campiña de Moche en Trujillo. Quien recorra el Perú hallará siempre lugares donde deleitar su paladar con productos naturales y frescos, bastante lejos de la riesgosa comida chatarra.
Puede acompañar sus alimentos con los también incomparables vinos, piscos o chichas -entre las que se lleva las plamas la chicha morada-, bebidas naturales, ajenas al uso de preservantes, saborizantes o etilos. Aunque los peruanos somos bastante afectos a la cerveza.
En la Amazonía tienen asimismo licores de los que se dicem son afrodisiacos, como el uvachado, el shushuwasha, el siete raíces o el RC (rompe calzón).
Mención especial merecen los dulces peruanos. No sólo el tradicional arroz con leche, el zambito,el champú, la mazamorra morada o el suspiro a la limeña, sino también los kinkones, alfajores, tejas, helados y chocolates, como Donofrio o La Ibérica, marcas cuya tradición trasciende lo comercial.
Recorrer el Perú es también una aventura como pocas, bastante recomendable para los amantes del buen comer.
(*) Escrito por Mauricio Bouroncle en el primer número de la revista Descubramos Paititi.